Crítica a la Industrialización en el siglo 21

A medida en que la industrialización abarató los costos de producción, pudimos observar cómo, en general, la calidad de vida mejoró primordialmente entre los países más desarrollados, dado al servicio de mano de obra barata en países donde la pobreza es extremadamente abundante.

Recientemente, he recibido noticia, que puede ser falsa, de que ante los impuestos de arbitrios de intercambio en el mercado internacional, varias fábricas en países como China, encargadas de la manufactura de objetos que luego serían vendidos bajo alguna marca de lujo se vieron obligados a vender los mismos objetos que producían, pero simplemente, sin la marca de lujo cuando las marcas de lujo comprendieron que no les sería rentable seguir comprando obra barata en China, por ejemplo, para luego venderlas al pueblo norteamericano. Por un lado, es impresionante la mentira que la industrialización presenta hoy día, en que el valor del objeto de lujo es una ilusión de mercadotecnia y publicidad. Por el otro, es una pérdida, un fallo, el que las distintas naciones se aprovechen unjustamente las unas de las otras, al punto de declarar y sostener la guerra por años y décadas. Digo Ukrania y Gaza, etcétera. ¡Todavía, en pleno Siglo XXI!

Somos todos naciones de un solo planeta Tierra. Tenemos todos responsabilidades para con el otro. Comenzando con el más pequeño de todos: aquél que todavía no ha nacido. Durante cientos de miles de años, ha habido gente. Nuestro paso por la vida individualmente es ínfimo en comparación con la Vida misma. Pero si, Dios no lo quiera, por decisión de unos pocos, se termina extinguiendo la humanidad entera en cualquier momento en un intercambio de arsenal nuclear o de cualquier tipo, es decir, incluyendo arsenal biológico, qué importancia tiene esa ilusión de lujo comoquiera. Por lo tanto, me da la impresión de que muchas personas en países desarrollados intentarían reemplazar la ilusión del lujo con ideales más significativos para ellos como individuos. Lo que me lleva a considerar el perfil de aquellos que pueden darse una vida de lujos y aquellos otros que a pesar de darse una vida de imitación, aspiran a darse esos lujos y puedo decir que serían muy pocos los que, entre ellos, tengan una visión holística de su propia existencia. 

Quiero decir que, porque, para vivir de lujo, hay que hacer tanto dinero que, si tus intereses y, por ende, tus conocimientos se diversifican lo suficiente, corres el riego de no tener el dinero o el tiempo suficiente para explotarlos todos a cabalidad. Esto significa que al reorganizar los propios valores ante el recibimiento de información fundamental, salgan a luz los huecos, vacíos, lagunas etcétera, del mapa mental previo al mejorar como persona. Pero hay, por lo menos, un problema serio. Aunque la mejora en eficiencia abarata los costos de cognición, la inversión en una variedad de intereses puede acumularse y desbordar o exceder las propias capacidades adquisitivas o sus facultades mentales. Por lo que sería lógico preguntarse qué verdaderamente valdrá la pena.

La industrialización incentiva la especialización y la fragmentación del conocimiento humano. Pero un alma no puede dividirse y si la vida de un alma está obligada a reflejar la visión fragmentada de un especialista para tener la oportunidad de autorrealizarse, su mente ya está tan ofuscada en su especialidad que no quiero decir que ya sea demasiado tarde, pero que no es fácil el encontrar los tantos puntos de intersección entre diversas áreas del conocimiento y evitar empezar a tener preguntas serias que ameriten su debida investigación e inversión de recursos de cualquier tipo. 

Para tener una economía sustentable y responsable, es inherente el fomentar carreras que comprendan el conocimiento de todo tipo al estado del arte. 

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